En KRAVA no vendemos parrillas: creamos momentos alrededor del fuego. Un kamado de cerámica es un horno, un ahumador y una parrilla, todo en el mismo lugar. Con él cocinás carne, pescado, verduras, pizza y hasta pan de masa madre, controlando la temperatura como un profesional. Acá te compartimos recetas al kamado paso a paso, técnicas de cocción y todo lo que necesitás saber para sacarle el jugo a tu parrilla kamado.

La cerámica de alta densidad retiene el calor durante horas y te da un control de temperatura preciso, desde un ahumado suave a 110 °C hasta una pizza napolitana a 400 °C. Eso significa una sola cosa: podés cocinar prácticamente cualquier cosa, mejor. Pero además del rendimiento, el kamado es la excusa perfecta para juntar a los tuyos. El ritual de prender el fuego temprano, el aroma que llama a todos a la cocina, la primera tajada que se comparte de pie y la sobremesa que se estira hasta la noche. Eso es lo que de verdad cocinamos.

Una receta simple que sale espectacular. Encendé el kamado y estabilizalo en 180 °C con cocción directa. Salá la trucha por dentro y por fuera, rellenala con rodajas de limón y unas ramas de tomillo o romero, y pincelala con aceite de oliva. Cocinala sobre la parrilla unos 6 a 8 minutos de cada lado, girándola una sola vez con cuidado. Está lista cuando la carne se separa fácil con un tenedor. El humo de la cerámica le da un perfume que en el horno de tu casa es imposible de lograr.


El kamado transforma cualquier verdura. Poné morrones, papas, cebollas y una calabaza entera directamente sobre la parrilla a 200 °C. La papa y la calabaza necesitan su tiempo (40 a 50 minutos), así que arrancan primero; los morrones se hacen en 20 minutos, girándolos hasta que la piel quede negra. Después pelás el morrón, lo cortás en tiras, un chorro de aceite de oliva, sal gruesa y listo: dulzor ahumado en estado puro.


El kamado es un horno de barro premium. Poné el deflector (piedra) para cocción indirecta y una piedra para pizza arriba, y llevalo a 350–400 °C. Estirá la masa fina, salsa de tomate natural, mozzarella de verdad y albahaca fresca. En 90 segundos tenés una napolitana leoparda, con la base crocante y aireada. No hay pizzería de barrio que se le acerque.

Para los cortes grandes, la técnica del momento es el reverse sear: cocinás a fuego indirecto bajo (120 °C) hasta casi el punto deseado y sellás fuerte al final a 350 °C. El resultado es una cocción pareja de borde a borde, jugosa por dentro y con costra por fuera. Para un ahumado low & slow de bondiola, pork ribs o brisket, mantené el kamado estable en 110–120 °C durante varias horas con chunks de quebracho o roble. La cerámica sostiene la temperatura sola, casi sin que la toques.
Prendé con 2 o 3 pastillas o una chimenea de encendido, nunca con líquido (arruina el sabor y la cerámica). Abrí las dos válvulas al máximo para que tome, y después regulá: más aire, más calor. El kamado es de inercia lenta, así que movés las válvulas de a poco y esperás 10–15 minutos. Apuntá siempre antes de pasarte de temperatura: frenar un kamado caliente cuesta.
Cocción directa vs. indirecta
Directa (sin deflector) para sellar y para el asado clásico. Indirecta (con deflector entre el carbón y la comida) para hornear, ahumar, hacer pan y pizza sin fuego directo. Dominar estas dos formas es el 90% del kamado.
Cuando estás en temperatura alta, abrí la tapa apenas un dedo, esperá dos segundos y recién después abrila del todo. Así evitás el flashback, esa lengua de fuego que aparece por el golpe de oxígeno.
La cerámica es prácticamente eterna si la cuidás. Su único enemigo es el shock térmico: nunca pongas algo helado sobre cerámica al rojo ni le tires agua fría. Cada tanto hacé un "burn-off" (llevalo a 250–300 °C un rato y la grasa se carboniza sola), sacá las cenizas frías antes de cada cocción larga para no tapar el flujo de aire, y si vive a la intemperie, usá una funda. Cuidándolo así, tu kamado KRAVA te va a acompañar durante décadas.
Un buen corte empieza con un buen filo. Nuestros cuchillos japoneses son de acero forjado a mano, con mango de madera noble y un equilibrio que se siente desde la primera vez que cortás.




Al final, el kamado no es un fierro: es la excusa para juntar a los que querés. Alta cocina en casa, con tus manos, para la gente que más te importa. Esa es la experiencia KRAVA.

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